Rock me Prometheus

(Con spoilers, como es costumbre.)

En el contexto del cine geek, las películas de orígenes son complicadas, quizá porque suelen ser poco emocionantes. Pienso en el Batman Begins de Nolan, que de los 140 minutos de duración dedicó 100 al génesis de un héroe que todos conocemos. O qué tal el mongólico X-Men Origins dedicado a Wolverine –por no meterme en el horrible fenómeno de la precuela que popularizó el Episodio I. ¿Cuál es la necesidad de hacer “precuelas” de Alien  o (gulp) secuelas de Blade Runner?

(Supongo) Ridley Scott tiene la respuesta. Después de ser hypeados miserablemente, llegamos al fin al estreno de Prometheus, la historia de origen de Alien, uno de los filmes esenciales de la ciencia ficción. Alien fue estrenada en 1979 y, si bien no la recibió amablemente la crítica en aquel momento, fue haciéndose de un frondoso culto a medida que avanzaron los años. Este fin de semana, la comunidad nerd de nuestro país se congregó desquiciada en torno a las posibilidades de la historia y las múltiples preguntas que dejó al aire. ¿Los ingenieros o forerunners crearon o no la vida en la Tierra? ¿Ese ingeniero que intenta salir de la atmósfera con un supuesto arsenal de armas biológicas a bordo intentaba o no iniciar el Apocalipsis en nuestro planeta? ¿Esos proto-facehuggers son la antesala del xenomorfo? ¿Qué demonios es ese moco negro que pulula a bordo de la nave extraterrestre?

Me he metido de golpe a la controversia porque el encanto de Prometheus y su propia construcción está hecha en torno a preguntas sin responder e hipótesis abiertas sobre la propia trama y las motivaciones de los personajes. En el brutal arranque de la película, que visualmente es un maldito triunfo por si solo para Ridley Scott, vemos a un humanoide de piel lechosa parado al borde de una cascada. Después de mostrarnos su sixpac, procede a tomarse un crème brulée de moco negro alienígena. El moco parece devorarlo internamente por lo que el tipo se derrumba sobre la cascada iniciando algún tipo de… reacción. ¿Le está dando la vida a ese mundo o se la está quitando? No lo sé. Es más: ni siquiera hay manera de saber si aquella escena sucedió en la Tierra o en algún otro mundo de la galaxia. Los motivos del forerunner están ocultos.

Como averiguamos poco después, estas especulaciones vienen al caso pues Prometheus en buena medida se trata del origen de la vida y la búsqueda de preguntas. Lo cual la acerca mucho a 2001: Odisea del espacio. En el filme de Kubrick, sin embargo, sí vemos si no el origen de la vida, al menos el origen de la inteligencia –un monolito extraterrestre “potencia” a nuestros antepasados primates, acelerando su evolución. En Prometheus no hay evidencia ni escenas como la de los changos de 2001, pero los dos científicos/personajes principales, aseguran que una raza extraterrestre creó al hombre. ¿Por qué? Pues porque se les pega la gana. Por si fuera poco, juntando dibujos rupestres de varios miles de años que han hallado en distintos lugares en el mundo, logran armar un “mapa estelar” (¿uh?) y, además, salen con la idea de que es un llamado, una invitación. ¿Por qué? De nuevo, porque se les pega la chingada gana. En 2001: Odisea del espacio, los forerunners dejan un monolito en la Luna, el cual, una vez que es descubierto por los humanos, lanza una señal que llega a un punto muy concreto del sistema joviano en Júpiter. Una pista muy clara de que los hombres deben de construir una nave espacial y lanzarse a la exploración, lanzarse hacia allá. En Prometheus no hay pistas claras, pero un millonario corporativo excéntrico (que hace eco a tipos como Richard Branson, Paul Allen o Elon Musk) decide poner un trillón de dólares para montar la nave espacial Prometheus y una expedición.

El encanto de Prometheus, les decía, es que abre el abanico de las hipótesis, y eso es maravilloso. Lo digo con toda honestidad, porque soy del tipo de persona que puede amanecerse discutiendo sobre las posibilidades de la ficción, y no solo eso, lo continúo haciendo durante semanas, meses, años. Sin embargo, me dolió que los motivos de la propia expedición fueran tan endebles. O que el capitán del Prometheus decida hacer una misión kamikaze contra la nave alienígena nomás porque la científica que lleva ocho horas en estado de shock le asegura que LOS INGENIEROS VAN A EXTINGUIR LA VIDA EN LA TIERRA. Los forerunners, lechosos, calzonudos y con abdomen de lavadero, podrían haber sido a su vez científicos que experimentaban con el moco negro alienígena y que en verdad no daban un pepino por la vida en la Tierra. A lo mejor el fulano lo que quería era huir con sus muestras. ¿Y cómo le hizo el personaje de Noomi Rapace para llegar a conclusiones como que aquel NO era el mundo nativo de los ingenieros y que entonces tenían que ir para allá? Me parece genial que Prometheus tenga todo el mojo de ponernos a discutir sobre de qué se trató en verdad el filme. Simplemente siento que sus personajes tienen las peores teorías al respecto.

Y ese es el otro departamento que me hizo decir “oh shit”. Noomi Rapace y Michael Fassbender se llevan por completo la película, claro. Más Fassbender, quien después de poner a temblar a chamacas alrededor del mundo con Shame, ahora ejecuta escalofriantemente a la perfección a un androide de Weyland-Yutani Corp., y uno digno de la serie Alien. El robot hace lo suyo y traiciona a quien deba traicionar. Y termina sin cabeza, lo cual es un maravilloso elemento que conecta a Prometheus con la serie Alien. Porque esto no es Alien: es una historia asociada con Alien, a lo mucho un spin-off que se desarrolla en el mismo universo pero que no depende de Alien para desarrollarse. En ese sentido, para mí ni siquiera es una precuela. Otros bonitos guiños de ojo: Noomi Rapace corriendo por los pasillos en calzones (¿era una venda lo que traia puesto?), y la escafandra de uno de los otros doce personajes de relleno derritiéndose ante el rocío de un líquido ácido…

Les decía: personajes de relleno. Ninguno despega, con excepción de los mencionados Rapace y Fassbender. Charlize Theron: ¿de qué diablos se trató su personaje? No equilibra las intenciones y las acciones de los demás, no es enteramente friendly ni enteramente villana, y no cambia el curso de la historia. Solo fríe a un tipo con un lanzallamas. Y tiene una muerte estúpida.

O quizá haya sido otro robot. Uno puede especular cualquier cosa con esta película.

Por suerte, hay otras razones para amar Prometheus. En primer lugar, ¡al fin sabemos de dónde proviene el legendario “Space Jockey”! (Lean aquí un post que hice al respecto.) Es imposible no amarla SOLO por eso. Por otro lado, los momentos de tensión ejecutados con toda la mano de Ridley son magistrales. Y la primera parte, la del descubrimiento del interior de la nave, me recuerda tanto a los horrores de H.P. Lovecraft (hace poco escribí algo sobre En las montañas de la locura, cuya historia resuena muchísimo en Prometheus). En la obra de Lovecraft, los Antiguos (una raza extraterrestre) son capaces de crear vida mediante algún tipo de ingeniería genética. Una de sus monstruosas creaciones, los “Shoggoths”, a la postre se rebelan y provocan su extinción. ¿Les suena a Prometheus? Lo que más amé del filme fue sentirme como adentro de una fantasía lovecraftiana hermosamente fotografiada y producida.

Y esto me lleva, finalmente, a los visuales. Dudo que alguna película este año entregue la imaginería que nos dio Prometheus: la secuencia inicial, la primera exploración de la nave espacial, los long shots de la meseta del mundo en el que aterrizan, con sus nubes permanentes y sus tormentas desquiciadas. El diseño de producción es una belleza también. Los trajes de astronauta, los vehículos, los muebles, los utensilios. Hay una intención clara de asemejar el look en la ropa y el interior de la nave Prometheus a la nave Nostromo de Alien. Sin embargo, es evidente que Ridley no se iba a quedar con las ganas de exhibir interfaces avanzadas de computadora que retan en belleza geek a las de Tony Stark. ¿Por qué no tenían esos gadgets y monitores holográficos los chicos de la Nostromo? El buen fan, pienso, busca justificar los evidentes 32 años entre Alien Prometheus con explicaciones como “es que la Nostromo era un remolque espacial con una tripulación obrera, la Prometheus una expedición científica de élite”.

El buen fan, como lo he llamado, también puede mirar Prometheus desde todos sus ángulos. Por un lado es una película hermosamente realizada (y divertida) que es un win solo por sus visuales, por potenciar como nunca los diseños de HR Giger, por devolvernos al universo de Alien y por ponernos a discutir en torno a sus posibilidades, a especular, a necear un rato. Y por otro lado, es una cinta con un guión MUY inconsistente y un montón de personajes que ni en sueños tienen los motivos, la frescura, la profundidad y la empatía de aquellos siete pasajeros humanos de la Nostromo en 1979. No me gustó el final-final: ver a la nave despegando. Me pareció innecesario. Y tampoco me gustó el final-final-final: no necesitaba ver al xenomorfo versión 1.0 salir de la panza del forerunner. De hecho, me cagó.

De ahí mis emociones mezcladas. Pero la iré a ver de nuevo. En cuanto tenga tiempo.

Bonus track: les dejo el maravilloso artículo de Cracked que explica por qué Alien es una serie “basada en la violación sexual interespecies”. Léanlo y busquen las claves fálicas-sexuales en Prometheus. Si tienen estómago, claro.

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Escribo libros.

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