Por qué Game of Thrones convirtió a los geeks en señoras que ven telenovelas

Cuando subí esta idea a Facebook, el buen Damn Beast me contestó con este gif:

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Me trataré de explicar.

En los viejos tiempos, el geek solía succionar el conocimiento de tres vías: películas, libros y cómics (por supuesto, podía succionarlo de otras vías: convenciones, fanzines, maestros universitarios, hermanos mayores, etc. Lo he delimitado a las tres vías principales para aligerar nuestra conversación). Los tres medios son perfectos para narrar historias, pero hay más en cada uno de ellos, y me refiero a sus características inherentes. Los cómics, por ejemplo, se caracterizan por proveer el gozo del coleccionismo, del culto al objeto. Los libros, por ser una compañía fiel, por ejercitar el músculo de la imaginación. Y el cine en producir emociones a través de mensajes visuales.

Parte de mi educación sentimental geek vino de los comics, y aun mayor parte de los libros de ciencia ficción. Pero lo que siempre nos gana el estómago, como buenos nerds, es el cine, así es que me voy a detener en éste: en 1981, cuando la audiencia miró Los cazadores del arca perdida en las salas, se presenció durante los primeros 20 minutos una secuencia de acción genéticamente diseñada para hacer trepidar a los espectadores y obsesionar a los nerds. Después de eso, viene un poco del background del personaje (el “character development”, que le llaman), el llamado a la aventura, una segunda secuencia de acción en El Cairo, el misterio de la localización del arca y un poco de tomb raiding, una pelea memorable junto a un avión de hélices y una tercera y larga secuencia de acción que es, básicamente, una persecución. El final es climático (¡caras derretidas!) y se nos deja claro que el mal no puede vencer nunca al bien. El final final es caldo de cultivo para la especulación geek:

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Sorry por los spoilers.

Los cazadores del arca perdida fue un éxito descomunal en su momento, pero, aun más allá que Star Wars, inventó una manera de geekear en el cine. La idea del “event-movie”, de ir a pasar dos horas en una sala oscura a escudriñar secretos (el “easter-egg”, que le llaman) y de ver secuencias espectaculares que SOLO se podían ver en el cine se explotó a lo largo de la década de los ochenta y los noventa, con cosas como Aliens, Jurassic Park, Terminator 2, las precuelas de Star Wars y, más allá, ahora con la maquinaria Disney-Marvel. En este sentido, Avengers no ha creado una nueva fórmula: es básicamente Los cazadores del arca perdida del cine contemporáneo. Por el módico precio de un boleto de cine tenemos acceso a la resolución de un misterio y/o una amenaza global, en medio de buen humor, personas guapas, mucha testosterona, stunts increíbles y secuencias de acción “eye popping”.

Ajá, el gozo geek que solo proveen los mensajes visuales.

T2: la película geek de verano perfecta.

T2: la película geek de verano perfecta.

Hasta aquí todo bien. Era taaaaan fácil ser geek antes.

Game of Thrones, basada en la exitosa serie de libros A Song of Ice and Fire de George R.R. Martin tiene un approach y una lectura completamente distintas. Uno no paga un boleto por ver GoT (aunque hay experimentos en IMAX, sí), uno no puede acceder a GoT por televisión normal, sino por televisión de paga, y no cualquier televisión de paga, sino HBO. Eso se lee como PREMIUM. La publicidad de GoT es súper sexy: ya saben, el Iron Throne, los dragones, las chichis de Cersei… HBO tiene fama de producir cosas de altísima calidad, y con casi 300 actores por temporada, filmación en locaciones exóticas como Irlanda, Malta y Marruecos, se entiende el promedio (reportado) de 6 millones de dólares por episodio. Agreguen costos de marketing (el “publicity”, que le llaman) y no suena descabellado que cada temporada de GoT cuesta entre 100 y 120 millones de dólares. Una pinche lanota.

Sin embargo, ¿cuál es el costo estimado de The Avengers: Age of Ultron? 250 millones de dólares. Más publicity. Cada hora de GoT digamos que cuesta 12 MDD. Cada hora de Age of Ultron, quizá, 150 MDD.

Porque ese Hulk no se va a animar solo. Esa armadura de Iron Man tan pedera y chingona no se produce en una Lenovo. Los madrazos épicos, los edificios derrumbándose, el sueldo de un Robert Downey, Jr. no son poca cosa. Así es el cine y, lo digo con gusto, espero que así continúe. El cine sigue siendo lo premium de lo premium.

Como un buen geek de antaño, miré con desaprobación y decepción cómo GoT construye elocuentemente una batalla, como la de Blackwater, que termina siendo una payasada para alguien que ya vio, no sé, toda “la gloria y ruina” de Helm’s Fucking Deep. Los éxitos del hijo mayor de los Stark en la temporada 3 también son solo platicados: vemos un campo de batalla después de que pasó todo. Soldados tomando cerveza y hablando de “lo cabrón que estuvieron” los madrazos. Eso queeeeé.

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Helm's Deep: la diferencia entre una telenovela y una épica es… obvia.

Helm’s Deep vs Blackwater Battle: la diferencia entre una telenovela y una épica es… obvia.

La batalla de Castle Black que cierra la temporada 4 es, de acuerdo, la más arriesgada y meritoria en términos de producción (¡Y de emoción! ¡Odié que mataran a Ygritte!) pero, de nuevo… nada que ver con Helm’s Deep. Neta, no mamen.

Pero este post no se trata de comparar GoT con LOTR. Como ya vimos, los presupuestos no son los mismos, pero sobre todo las intenciones no son las mismas.

No, los señores tan inteligentes de HBO que están detrás de GoT saben que el poder del mundo de George R.R. Martin en la tele consiste en apelar a la anticipación, al cotilleo, a los diálogos “escandalosos”, al cliff hanger. 

Apelan a los trucos básicos de, ejem, la telenovela.

Antes de continuar, y para entender mejor por qué GoT en el fondo emplea tácticas de telenovela, debo decir algo sobre las dos ideas contemporáneas de cómo distribuir una serie: la primera es la que Netflix ha cosechado con tanto éxito con cosas como House of Cards Orange is the New Black (ambas las amo, admítolo), y consiste en distribuir de golpe el contenido y dejarlo ahí servido. Es como un bufete “all you can eat”: tú sabes si ves un episodio hoy y otro en un mes, o si te atascas y no duermes dos días –el “bingewatching”, que le llaman. Con este modelo, no hay necesidad de cliffhanguear (ustedes disculpen mi espanglish, es un mal hábito), ni de recordarle a la audiencia lo que sucedió la semana pasada. “Previously on…”

La segunda idea de distribución proviene del cable network tradicional: suelta un episodio semanal, engancha a la audiencia y crea conversación. Probablemente esta forma de distribuir una serie estaría muerta de no ser por el internet social. GoT ha encontrado una mina de oro en provocar y mantener conversaciones en redes sociales y adentro de los teléfonos de las personas –si estás leyendo este artículo, es probable que hayas recibido un meme de GoT vía Whatsapp. El mejor ejemplo: el año pasado, el duelo entre el idiota de Oberyn Martell y la Montaña fue LA PASTA en el internet.

Lo cual desata otra serie de fenómenos, como el meme, la gente que se reúne a tener esta experiencia social de ver un episodio de GoT en bares y casas (y luego sube sus reacciones a YouTube), la subcultura del spoiler, el resumen semanal, el debate, las cuentas personales de Instagram de los protagonistas…

Ahora, un disclaimer personal: yo he visto todas las temporadas de GoT, pero a manera de bingewatching, gracias a la magia del Blu-ray. Al verlas a destiempo, me he perdido la experiencia social, cosa que no me sucederá con la temporada 5. No me molesta, pues el bingewatching tiene su onda (interminables horas frente a la tele con un refri lleno de cerveza… not bad), pero igual creo que voy a disfrutar muchísimo esta nueva experiencia, como la disfruto ya con The Walking Dead, serie que he visto un par de años de la mano del internet y al mismo tiempo que mis amigos. Compartir el episodio, debatirlo, disfrutar todas esas maravillosas tonterías que ve uno en línea: ese es el verdadero punchline de Game of Thrones.

GoT es más fuerte cuando tenemos algo que decir de GoT, sea en la oficina el lunes en la mañana o a través de un meme oportunista. Su debilidad es lo que el cine hace mejor: las grandes escenas, las grandes secuencias de acción, la épica.

Claro, los Lannister son chidos. ¡Y el imp es la onda! Pero la Mother of Dragons tiene cuatro temporadas liberando esclavos, muy jetoncita en una silla. Los White Walkers nomás no se dejan ver bien (es que son zooooombis) y la historia del pobre niño Stark paralítico me parte de aburrición, pero estos desvaríos se equilibran con la adorable historia de la lencha Brienne of Tarth (yo digo que es lencha, hay quienes creen que tiene un crush brutal por Jamie Lannister) o las andanzas de esa cabroncilla llamada Arya Stark (la amo a la muy pendejita). Además, después de ver la cochinada inmunda que fue Marco Polo de Netflix, uno aprecia el cuidado por el detalle de GoT, el nivel de los diálogos, del build-up. Me gusta mucho Game of Thrones: simplemente creo que mi experiencia “bingewatchera” me da una postura distinta y, quizá, más crítica a gran parte del fandom de GoT. Lo siento, pero ustedes ven GoT como una señora ve telenovelas.

(Este post no es sobre los libros o la experiencia de leer esos libros. De hecho, la experiencia de leer cualquier libro es muy, pero muy diferente a lo que he platicado en este texto).

Para terminar, ¿por qué insisto en llamar a los geeks de GoT, “señoras que ven telenovelas”? No es una cuestión misógina (dios me salve), aunque sí admito que es un estereotipo. En el caso de las telenovelas, el género televisivo por excelencia de nuestro querido México, la audiencia es predominantemente, que no exclusiva, femenina. Y las señoras que veían Colorina, Vivir un poco, La fiera, El Maleficio y Cuna de lobos en los ochenta, se comportaban más o menos igual que los geeks que hoy ven GoT. Solo que no hacían memes. Ni tenían Twitter.

¡En qué maravillosos tiempos vivimos! Antes los geeks se alejaban del mainstream leyendo cosas como Akira de Katsuhiro Otomo o Ender’s Game de Scott Card o Neuromancer de Gibson. Hoy, el mainstream alcanzó a los geeks. Todos somos geeks. Uno puede ser geek de Star Trek. O de Justin Bieber.

Pero eso es tema de otro post…


 

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Escribo libros.

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