The Jungle Book o cómo hacer un remake perfecto de un clásico

(Esta reseña contiene spoilers mínimos).

The Jungle Book es un remake parcialmente “live-action” de aquel filme clásico de Disney, The Jungle Book El libro de la selva, como la conocimos acá en México. Digo parcialmente porque gran parte de lo que vemos en pantalla es hecho en una computadora. Lo cual es habitual en el cine actual. La verdadera apuesta va por otro lado: no suena fácil rehacer un filme turboclásico como El libro de la selva de 1967. Disney ya había intentado en 1994 con una versión que parece más Tarzán que El libro de la selva.

A favor de este remake de 2016: la sensibilidad de Jon Favreau, el increíblemente talentoso director que prefiero recordar por Chef antes que Iron Man. Favreau ha hecho una película que no se siente completamente natural, que visualmente nos hace dudar si estamos en la India de Kipling o en una sección del parque Animal Kingdom de Orlando, Florida. A pesar de que hemos recorrido un largo tramo desde aquellos monigotes robóticos de Jumanji (1995), los animales de The Jungle Book siguen siendo artificiales. De hecho, son bastante irreales. Quiero sacar esto de una vez de la discusión pues me parece que ni siquiera es un defecto del filme; The Jungle Book no trata de ser verosímil, trata de contar una moraleja o varias moralejas. Lo hace con animales que hablan. Por lo tanto, no importa si dichos animales son CGI o dibujos animados o marionetas.

THE JUNGLE BOOK

Idris Elba y Shere Khan, súper machos alfa.

La moraleja principal es muy efectiva y, si le ponemos atención, llena de contrastes: la selva es perfecta sin hombres (lo es porque es pura, inocente), y el conflicto solo surge cuando un hombre, el cachorro humano Mowgli, se convierte en el objeto de la discordia e irrumpe el orden natural con la Flor Roja (una bonita metáfora del fuego). Al final, sin embargo, el hombre es también quien trae equilibrio a la selva. Mowgli es creador y destructor. Es, de una manera naive, una especie de redentor que llegó improbablemente a la selva y la transformó para siempre.

Esta lectura de la película de Favreau es para mí muy clara, y también muy profunda porque habla del lugar que tenemos los hombres en el mundo: somos parte de la naturaleza pero también estamos afuera de la naturaleza. Por supuesto hay otros niveles en la historia, pues The Jungle Book habla también del heroísmo, de la familia o el valor de pertenecer a una manada, de la amistad y del calor del hogar. Lo lindo del caso es que Favreau ha logrado meter todo esto en una película que es también un espectáculo muy entretenido, con un sentido del humor infantil, sí, pero amplio. El filme tiene momentos de acción, momentos de tensión y un par de jabs emocionales. Como en toda narrativa sabrosa, el héroe tiene que abandonar su zona de confort para emprender un viaje lleno de peligros, hay un villano memorable al acecho (el Shere Khan magníficamente doblado por Idris Elba) y amigos que lo ayudarán en el camino. The Jungle Book está impecablemente narrada de principio a fin.

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Favreau también se ha tomado su tiempo para darle espacio a las referencias, a los personajes clásicos que tenían que repetirse en este Libro de la selva. Su casting es una cabronada: Bill Murray es un Baloo perfecto, Lupita Nyong’o provoca oleadas de maternidad como Raksha y Christopher Walker es genial como el Rey Louie (y miren que la tenía cabrona: llenar los zapatos de Louis Prima). No puedo decir lo mismo de Scarlett Johansson, cuyo papel como Kaa queda reducido a una intervención mínima. El entrañable Bagheera es doblado con efectividad y sobriedad por Ben Kingsley. Cero quejas ahí.

Y Favreau se sale con la suya: acaba bien librado del inmortal número de Baloo y Mowgli (“Busca lo más vital”) y la también inmortal canción del Rey Louie (“Quiero ser como tú”). Acá debo decir que, como hispanoparlante, mi referencia inmediata es la música de El libro de la selva de 1967, especialmente la participación de Tin Tan. No me molestó la voz de Bill Murray (aunque no es un buen cantante, ya lo demostró en el horrendo especial navideño de Netflix), pero la versión de Tin Tan es simplemente inmadreable –sí me hizo falta. En cambio, Christopher Walken es mucho más potente que Murray y logra un inolvidable Rey Louie cantando con sus graves notas “you, you, you”. Por supuesto, el tamaño del orangután también cuenta :)

Con un fin de semana de 293 millones de dólares (taquilla global), queda claro que rehacer clásicos en esta época es un negocio importante para Disney: este Libro de la selva se une a Cenicienta del año pasado, y a “reimaginaciones” como las polémicas (pero exitosas) Alice de Burton, Maléfica Oz. ¿Y cómo resistirse a ver un clásico realizado con tecnología actual? Dentro de toda su artificialidad, o quizá gracias a ella, The Jungle Book es caramelo para los ojos.

Pero sobre todo, tiene mucho espíritu. Es el tipo de película que te hace salir de la sala de cine con el corazón lleno.

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The Jungle Book se estrenó en México el 15 de abril de 2016. Al día de hoy tiene un 94% de frescura en Rotten Tomatoes y un marcador de 77% en Metacritic.

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Escribo libros.

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