Independence Day: Resurgence es un desastre

 

Paciencia.

Es, de acuerdo con Yoda, una virtud. Roland Emmerich lo demuestra con su más reciente cinta de desastre: Independence Day: La Venganza o como se llame. Su antecesora es una ridiculez, pero una muy bien planteada y ejecutada. Por encima de todo, es paciente con sus personajes, se toma el tiempo de cocinarlos y servirlos en nuestra mesa. Yo estoy muy encariñado con todos ellos, desde el presidente Withmore de Bill Pullman hasta la Jasmine Dubrow de Vivica Fox. Todos son estereotipos, pero tienen historias, esperanzas y cosas qué perder.

20 años después obtenemos lo que pudo ser otra obra maestra del entretenimiento veraniego, pero al parecer la escribieron en una peda y simplemente no revisaron el guión en sobriedad.

Sí, es el triple de absurda que la original, pero eso no la hace ni entretenida ni interesante. No hay suspenso, no hay build up. En la primera realmente existe una emoción natural ante la idea de que vida alienígena visite nuestro planeta. Una vez que ocurre es sorprendente y llega la tensión de ignorar las verdaderas intenciones de los visitantes.

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En Independence Day: La Revancha todo tiene mal ritmo. La presentación de los personajes nuevos —que parecen ser treinta— da tropiezos, la llegada de los aliens es toda desangelada y ocurre cuando aún no sabemos bien quiénes son los protagonistas, la personalidad de los personajes de la antecesora no es la misma (excepto por el presidente y el doctor loco Brakish Okun).

Es la misma historia que la anterior, pero con más escándalo y, desgraciadamente, más efectos por computadora que hemos visto mil veces desde 1996.

Ahí hay otro problema. En 1996, año del estreno de Independence Day: La Primera, la devoción joligüdense por los efectos digitales comenzaba ya a causar estragos. La historia de invasión extraterrestre de Dean Devlin y Roland Emmerich fue de las últimas cintas espectaculares en mostrar amor por los efectos tradicionales. Las cosas ocurrían ante nuestros ojos. Se emplearon cientos de recursos para obtener secuencias que hoy en día siguen siendo icónicas y dejan a todo mundo con la boca abierta.

Aquí todo es tan excesivo y artificial que se siente como un cinemático de Call of Duty.

Es innecesario que les explique de qué trata, pero lo haré de todos modos: han pasado 20 años después de la derrota de los aliens a manos de la humanidad. Hemos adaptado su tecnología a nuestras necesidades. Los protagonistas de aquella batalla histórica han envejecido, sus hijos ocupan puestos importantes. Los aliens regresan en una sola nave ridículamente descomunal. Existe otra raza alienígena que desea aliarse con nosotros para combatir al enemigo común. La humanidad pelea de nuevo contra los visitantes malos. Charlotte Gainsbourg cobra un cheque por no hacer nada y parecer drogada toda la película. Amenazan con una tercera parte. Créditos.

Es una cascada de oportunidades desperdiciadas: los aliens ahora sí bajan a combatir con los humanos. Boring. Hay un guerrillero africano que mata a los extraterrestres con dos machetes. Logran hacerlo aburrido también. El armamento humano es más poderoso gracias a la fusión con tecnología de otro mundo. Es aburrido y confuso. Hay una sexy presidente gringa que actúa como animadora de programa de concursos. Boring.

Emmerich solamente tenía que repetir su exitosa fórmula. Era todo. You had one job. Pero logró hacerme sentir timado. Y ni empezar a hablar de los “homenajes” a otras cintas, desde Aliens hasta The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy. ¿Por qué, Roland?

Esperaba mucho de Independence Day 2, y ahora que han pasado 20 años y es una realidad, únicamente me queda considerar que jamás existió.

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