Al final Suicide Squad ni brilla ni es detestable

*Contiene algunos pseudospoilers. (Aunque la verdad no hay nada qué espoilerear aquí)

No soy fan de los cómics. Me incliné más por Marvel durante mi infancia porque Spider-Man me encantaba, pero la verdad otros títulos de esa marca nunca llamaron tanto mi atención. De pronto compré algunos de Wolverine y X-Men, igual coleccioné los primeros 50 de Spawn, algunos Batman, jamás Superman y mi serie favorita de cómic puede que sea Astérix el Galo. Es del que más tomos tengo, así que creo califica bien para ese spot.

Igual que 90% del planeta Tierra no sabía nada sobre Suicide Squad salvo que existía, amé el primer avance y tripleamé que David Ayer, director de esa maravilla llamada End of Watch, fuera el encargado de colocar a este grupo de inadaptados cool en pantalla. Yo, sin jamás haber tenido contacto con el material original del que salió este nuevo intento de DC Comics, desde el primer avance imaginé que sería una aventura en la que estos villanos caminan de un punto A a un punto B para cumplir una misión. Creo que eso queda muy claro en los tráilers. Todo lo que se pueda construir alrededor de esa simple premisa sería ganancia.

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No, señor Don Joker, no me haga escuchar de nuevo a 30 Seconds to Mars. ¡Piedad!

Ayer fui a verla a una sala IMAX. El sitio llenísimo, fila tres en 3D. Hell yeah! “Si la película es tan mala como dicen, al menos me va a tocar sentir la acción golpearme el hocico”, pensé. “En ese terreno no puede estar tan mal… ¿cierto?”

Dos horas después salí sin realmente haber odiado o amado lo que David Ayer puso en pantalla. Indiferencia total. Me sorprendió que la sala entera reaccionara fríamente a la película. Siempre hay un chistosito que se carcajea en los chistes más mediocres o en escenas que ni siquiera son comedia, pero aquí no hubo uno solo. El “we’re bad guys, it’s what we do” de Harley Quinn no recibió ni un “jijiji”, al menos de la gente a mi alrededor. Fue una experiencia un tanto austera que explota en colores y momentos, pero no da más.

En algún sitio leí que es tan floja como Avengers: Age of Ultron, y coincido. Para mí, fuera de las quejas de la crítica (el ritmo inconsistente, el poco interés por desarrollar a todos sus personajes, esta necesidad de querer ser arriesgada pero más bien ser vergonzosa, los innecesarios guiños musicales y demás), me molestó la mala calidad de los efectos visuales (el hermano de Enchantress y el fuego de El Diablo son comparables con las gráficas de una serie de televisión, no de una meiyor moushon picshur) y la ausencia de verdaderos riesgos para este grupo de criminales. Para la tercera vez que se enfrentan con los señores cara de papa —minions CGI (computer generic imagery)— yo ya me había dado por vencido: esta cosa no me va a ofrecer nada extra. Sentí que duró más de lo que realmente dura, aunque tampoco me dio nalgadormida.

“Ya perdí una familia, no pienso perder a otra”, o algo así dice El Diablo en una de las secuencias. Para cuando llega esa línea no ha pasado absolutamente nada que la justifique —la escena del bar le pertenece solo a El Diablo, nadie más comparte nada—. Estos reclutados no han vivido un solo momento en el que sus lazos emocionales crezcan, porque David Ayer y sus productores están más ocupados haciendo todo lo posible para que luzcan cool que para darles carisma o personalidad. Meter flashbacks lastimeros nada más porque sí no funciona, no es suficiente. Mientras la veía recordé la enorme diferencia que existe entre la primera The Crow y su secuela. Ambas tienen la misma trama, pero en la segunda hay mucho más esfuerzo para hacerla lucir espectacular que para enamorarnos de sus habitantes. Los flashbacks en los que Vicent Perez revive el asesinato de su hijo y él mismo a manos de la mafia angelina, son pobres y hasta absurdos; en contraste con las mismas secuencias en la primera cinta de la serie se sienten vacíos y forzados justo por el énfasis en la estética y la crueldad de los criminales. Pero nosotros como público queremos conocer a los protagonistas, conectar con ellos, preocuparnos porque sabemos bien lo que los hace levantarse todas las mañanas, no solamente porque tienen buena nalga debajo de esos coquetos hot pants bicolor.

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¿Aquí es el casting para The Purge?

En End of Watch, Ayer consigue que los personajes de Michael Peña y Jake Gyllenhaal los sintamos como hermanos, como gente muy querida. La audiencia los acompaña en muchos momentos a bordo de su patrulla, momentos en los que tienen conversaciones banales y algunas más filosóficas, todo con un humor hasta sexista. Son intercambios en los que para nada esos dos quedan dibujados como buenas personas, pero sí nos hacen parte de su rutina y su conexión. ¿Por qué no pudo hacer lo mismo con estos personajes, algunos ya conocidísimos por cualquiera que tenga un módem? La verdad no lo sé.

Las reseñas que he leído la comparan con Guardians of the Galaxy evidentemente por las similitudes: grupos de villanos o antihéroes que se ven forzados a trabajar juntos, pero yo relacionaría más Suicide Squad con Deadpool: hay mucho más chistes sexuales, la violencia es más intensa y el ritmo es igual de frenético. Pero —y yo no fui fan de Deadpool— aquí el humor pasa desapercibido y la acción ni siquiera se atreve a ser tan gráfica, aunque siempre parezca prometerlo.

Creo que DC y Warner deben sentarse primero a establecer bien las reglas de su universo cinematográfico. ¿Por qué hacer una escena post-créditos igual que Marvel —un chistecito que para nada fue inventado por la casa de Stan Lee—? ¿Por qué no voltear a ver a Pixar y hacer un cortito animado chingón para antes de que inicie el plato fuerte? ¿Por qué no replantear a sus villanos para que sus contrapartes tengan alguien interesante a quién madrearse? Es sobre todo sorprendente que existiendo tanto material original para escarbar se inclinen por guiones mediocres.

En una nota personal, el final me recordó mucho al de Ghostbusters, con nuestros ¿héroes? enfrentados a un ser sobrenatural animado por terribles efectos visuales y encarnado por una modelo en un set al que le metieron muy poco esfuerzo. Es más, termina la pelea y hay que rescatar a la dama en peligro de la misma manera en que Peter Venkman rescata a Dana después de la batalla con Gozer. Se los juro, es idéntico.

Hay muchas oportunidades desperdiciadas aquí y solamente nos resta esperar que algún big kahuna se ponga a pensar en el fantástico potencial que existe en el universo DC y le quiera hacer justicia para, por consecuencia, ganar muchos billetes verdes. ¿Por qué los productores se empeñan en darnos puro producto flashy sin alma?

“We’re greedy dumb bitches, it’s what we do”

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