Mis musicales favoritos lalalá

Se supone que un musical, para considerarse musical, lo que se dice musical, debe estar compuesto por una serie de diálogos en forma de canción. Tal vez uno que otro proyectado de manera hablada, pero este es un lujo que no se debe estirar demasiado o se corre el riesgo de ser extirpado de la categoría. A la gente por lo general la matan de hueva las películas en las que súbitamente los personajes explotan jubilosos imprimiendo notas musicales a frases mundanas como “pásame la sal, cariño” o “¿va a querer su patilla cuadrada o en pico?

Si las canciones son buenas, la interpretación es fantástica y funciona dentro del contexto de la cinta, el resultado puede emocionar al grado de sentir que el corazón se te sale de la caja toráccica.

Mis musicales favoritos son así, o al menos me producen esa sensación. Estar frente a un musical te da permiso de saberte todos los diálogos, pues todos son canciones, y recitarlos/cantarlos mientras sonríes o sueltas lágrimas con la misma pasión de los intérpretes en pantalla.

Así que, bajo pretexto del aplauso masivo que La La Land ha recibido, les cuento aquí sobre mis cinco cintas musicales preferidas, sin jerarquías.

THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW (1975)

En aquel año se estrenó Tiburón. Fue el año en que nací y, aunque eso no significa nada, me sorprende que este ridículo muégano de momentos geniales se mantenga tan jovial tras sus casi 42 cumpleaños. La primera canción que conocí de esta obra/película fue “The Time Warp”… Claro, reconfeccionada por Julissa y compañía para ser interpretada por Timbiriche bajo el whatdafuckero título “El Baile del Sapo”. Obvio no la vi en su momento y jamás la he visto en cine. El ingenio invertido en las melodías, las situaciones y las caracterizaciones es de esas cosas que me producen celo: “¿Qué clase de genio pensó en esto?”

Lo mejor: Tim Curry como un travesti darks femenino y masculino a la vez, caminando con la seguridad de Tyler Durden, y cantando la mejor canción de todo el numerito.

PINK FLOYD: THE WALL (1982)

¿Es un experimento fallido? No lo sé. Es una experiencia como ninguna otra. La reinterpretación que Alan Parker dio a la obra más berrinchuda de Roger Waters es icónica. Habrá una multitud para la que no tenga la menor coherencia, como una serie de videoclips cosidos por un costurero ciego. A mí me curó de muchas crudas del corazón durante mis tortuosos veintitantos, y cada que la veo la encuentro impactante. Sí, es pretensiosa como mil Iñárritus, pero posee un encanto —tal vez generacional— que conquista mi corazón facilón y azotado.

Lo mejor: Las grotescas caricaturas de Gerald Scarfe animadas.

DANCER IN THE DARK (2000)

Carajo, cómo me gusta sufrir en el cine. Y esta representa, quizá, la ocasión que más he sufrido en una sala de cine. Pudo ser que mi corazón estaba recién molido por un amor que acabó muy mal o pudo ser que mi devoción por Björk (cuando estaba fresquecita) me traicionó y simplemente no concebía que alguien la exprimiera hasta convertirla en pulpa. Las canciones son simples pero demoledoras, y es una lástima que las versiones de la cinta no sean las mismas que las del soundtrack, especialmente “New World” —como dice un comentario en YouTube: “Una vez que la escuchas y ves en la película, la canción no te soltará jamás”. Es tramposísima, como si Lars von Trier quisiera hacer llorar hasta al más cínico. Conmigo lo consiguió. ¡Qué oso!

Lo mejor: Selma imaginando que los sonidos de las máquinas hacen música.

JESUS CHRIST SUPERSTAR (1973)

Me encanta de este género que se da el lujo de hacer las cosas más extrañas y salir victorioso. Aquí el mejor ejemplo. Primero concebida como un álbum, luego como producción teatral y después como cinta, esta obra de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice jamás ha sido interpretada, a mi juicio, de una manera más impecable que en la versión de Norman Jewinson para la pantalla grande. A este tipo se le ocurrió ir a filmarla a Israel y, en una decisión alocada que terminó por beneficiar a la cinta, optó por vestir a todos los personajes de acuerdo con la moda setentera, excepto a Jesús. Tanques y aviones, metralletas y ropa jipi se contraponen a la música más poderosa que le han dedicado al Mesías.

Lo mejor: Ted Neeley y Carl Anderson como Jesús y Judas.

ROMEO + JULIETA (1996)

Natural Born Killers (1994), de Oliver Stone, nos había dado un buen vistazo sobre una pareja de enamorados que enfrenta al sistema, lo pisotea y se caga en él con lujo de violencia al estilo de Bonnie y Clyde, y la posibilidad de que Baz Luhrmann hiciera algo similar con la pareja más famosa de la literatura, representaba un platillo irresistible ante los ojos de cualquier teen y veinteañero de aquella época. Leonardo DiCaprio aún no abordaba el Titanic, y Claire Danes era una muy digna Julieta, tal vez no de belleza arrebatadora, pero con la suficiente aura de inocencia como para flechar a cualquiera. Pero, como muchos incautos que fuimos a verla en su estreno pensamos, no se trataba de una película normal. ¡Todo era cantado! Y aún peor, los versos de Shakespeare venían adicionados con música moderna. ¡Qué chingados! La verdad, la primera vez que la vi me pareció innecesaria y decepcionante, pero después le agarré cariño. ¡Creo que ahora me gusta más que Moulin Rouge!

Lo mejor:Exit Music (For a Film)”, la canción que Radiohead escribió para esta peli pero que no apareció en el soundtrack.



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