Alien: Covenant, o deberíamos decir, Prometheus 2 [REVIEW]

(Esta reseña contiene algunos spoilers).

Alien: Covenant no marca un regreso al terror de Alien de 1979, se trata más bien de una secuela de Prometheus con algunos elementos del filme clásico. Covenant está más preocupada por narrar los temas “de origen” de Prometheus más que por volver a la fórmula original.

Lo cual, desde mi punto de vista, es muy desafortunado.

Debo empezar aclarando algunos puntos. Primero: lo que amo de aquella Alien de 1979 es su combinación de atmósferas asfixiantes que combinan el terror y el sci-fi, y una idea del futuro como algo sucio, desgastado, húmedo y… oscuro (Ridley Scott generó esta visión a partir de Star Wars, la refinó y luego la volvió algo legendario en Blade Runner). Alien me trae recuerdos cinematográficos de una edad temprana (¡la vi con mi padre en el ahora extinto Cine Apolo de Ciudad Satélite por allá de 1980!), y la Aliens de 1986 fue la película de los 80 cuya espera me causó más ansiedad de fan. Más que cualquiera de Indy Jones. Más que Star Wars. Así es que hay añoranzas personales ahí en medio, lo admito.

Antes de pasar a por qué considero que Alien: Covenant, al igual que su predecesora, Prometheus (la cual reseñé cuando apareció en 2012, y que sorprendemente no odié tanto en su momento), están apuntadas en la dirección equivocada, debo decir un par de cosas más al respecto del filme original.

Alien es un filme, en mi corazón, sobre un monstruo que persigue gente a bordo de naves espaciales para asesinarla. ¡Es el original “horror de supervivencia”! De hecho, el título en español de la película original era, a su inocente manera, escalofriante: “Alien, el octavo pasajero”. Ese agregado lo dice todo, anticipa la carnicería y la tensión. El cartel, además, no exhibía a la criatura —solo al huevo del que se desprende el horrendo facehugger. Y la cinta tampoco muestra tanto, no lo necesita: quizá aprendiendo algo de Tiburón, Scott decidió darnos apenas lo necesario del xenomorfo, solo lo que nuestras mentes paranoicas necesitaban para sentir la opresión de los tripulantes de la Nostromo.

Tipos disfrazados de xenomorfos diseñados por H.R. Giger. Así el nivel básico de genialidad de la original Alien.

La venerable Encyclopedia of Science Fiction (ganadora del Hugo) de John Clute y Peter Nicholls, dice que las secuencias de horror en Alien están tramadas “a lo largo de líneas profundamente convencionales”. Justo a eso me refiero: Alien es un filme poco sofisticado en su esencia, es solo una historia del juego del gato y el ratón del mismo modo que Mad Max: Fury Road es el relato de una ida y un regreso. Y ahí radica para mí, en esa simpleza, su genialidad.

No es difícil imaginarse que la simplicidad de la original Alien provocó que fuera maltratada por la crítica, y que esto produjera comentarios negativos como el de Roger Ebert, quien la describió así: “Básicamente solo es un thriller sobre una casa de los espantos intergaláctica que se lleva a cabo adentro de una nave espacial”. Yo creo que las malas críticas calaron hondo en Scott. Cameron de alguna forma superó la fórmula con Aliens y luego Aliens 3 Alien: Resurrection solo se dedicaron a manosear la misma fórmula efectista. La vieja historia del gato y el ratón, pero con no muy buenos resultados.

Cuando Scott volvió al universo Alien en 2012, decidió no tomar el mismo camino. Decidió que Prometheus sería una precuela, un relato de origen sobre los xenomorfos y los responsables de su creación. Se supo que veríamos (al menos parcialmente) resuelto el enigma del Space Jockey. Ahhh, el Space Jockey. Déjenme contarles algo: una de las grandes leyendas urbanas de esa época de Stranger Things, los 80, fue la del Space Jockey de Alien. ¿Quién era ese tipo? ¿Cómo llegó a ese planeta? ¿Está sentado como pilotando una nave espacial y lo que tiene enfrente es un cañón gigante, un telescopio o qué? Muchas horas de ñoñería siguieron a la especulación sobre el Space Jockey —vaya, saber que se le conocía como el “Space Jockey” ya te daba acceso a un club de poseedores de conocimiento oscuro en la era pre-Wikipedia.

Mi hermano tenía tarjetas Topps de Alieny en su colección se contaba justo la que ven en este post. “Fantastic Space Jockey” (acá en mi blog cuento más a detalle esa historia). La veíamos obsesivamente. La duda persistió dos, tres décadas.

Así es que cuando llegó Prometheus, estábamos más que listos. Para saber la verdad. Venga de ahi, Ridley. Shockéanos.

La primera vez que vi Prometheus, como podrán constatar en mi review, no salí tan decepcionado. Salí apenado del cine porque la chica con la que fui, quien era remotamente fan de las cosas ñoñas, tuvo que recetarse mi hype de ir a verla, y luego una historia muy poco bien lograda que, sin embargo, tenía su valor geek y (también) su valor de entretenimiento. Con el tiempo, Prometheus se fue afianzando en mí de una manera negativa: los Ingenieros, la misma especie del Space Jockey, y su plan de exterminio de la humanidad me terminaron pareciendo “meh”, y los planes malvados de David 8 (Michael Fassbender) aún peores. Tengo un problema con todo el plot de creados vs creadores. Lo puedo entender en Matrix. Lo puedo entender en Terminator. No lo puedo entender en Alien.

Alien: Covenant realmente comienza luego de unos primeros 15 minutos muy dramáticos. La nave espacial Covenant lleva a bordo 2,000 pasajeros en un one way ticket para arrancar de ceros una colonia en un planeta designado. Como pueden esperar, algo en el camino sale mal y luego de una “brillante” idea deciden aterrizar en un planeta NO designado. Es un complot, por supuesto. Pero del guionista: nos quiere llevar a un paraíso que en realidad es un sitio lleno de cosas horribles.

Cuidado, spoilers a partir de ahora:

En dicho planeta, se encuentran con el personaje principal del filme, David 8, el aniñado androide de Prometheus convertido en un científico loco con ínfulas de dios. Pueden esperar que las cosas se pongan mal, mal, mal.

En Twitter comenté que Alien: Covenant me parece un bodrio y creo que vale la pena explicarme: en un intento por construir sobre el backstory del Space Jockey (que en el Wiki de Alien + Depredador ahora se le conoce como El Piloto), Ridley Scott ha querido hacer una historia más profunda, una que abunde en las complejidades del creacionismo, del “complejo de Frankenstein” —el miedo a los hombres mecánicos según Isaac Asimov—, del destino supremo de las inteligencias artificiales y la jodida suerte que nos espera como humanidad. Hay un trozo gigantesco de moral en la secuencia que Scott sugirió en Prometheus y ahora remata en Covenant: el hombre creó al androide, el androide creó al xenomorfo y el xenomorfo al hombre. Algo así va.

Y a mí me parece profundamente aburrido.

Recordemos el viejo relato del Golem, la criatura inventada por el rabino de Praga. En algunas versiones, ese Golem, que es una monstruosidad, se lanza contra su creador e incluso contra otros judíos. Casi siempre, el rabino “neutraliza” al Golem. La moraleja es que el hombre no puede tomar el papel de dios o los resultados serían catastróficos.

Miren el caso Terminator: Kyle Reese viaja al pasado para salvar a la madre del hombre aún nonato que va a salvar el futuro de las máquinas, de Skynet —un Golem que, en este caso, sí se salió de control. Lo cual me parece indicado y correcto, tratándose de Terminator. Y jodidamente interesante.

No en Alien. El origen misterioso de la criatura estaba bien ahí, en el misterio. El espacio es tan grande que puede haber cualquier cantidad de cosas horribles esperándonos en él, o eso pensé siempre. No necesité jamás una explicación como de dónde vienen los xenomorfos (o biomecanoides, como les decíamos mi amigo Alex y yo en los 90). Yo solo quería (y no creo ser el único) algo más simple, lleno de horror y claustrofobia en el espacio profundo. Por eso, justo por eso pienso que es un bodrio.

(Solo para el archivo de la constancia: todas esas historias de origen creacionista, incluyendo las ínfulas de dios de David 8, podrían tener un muy merecido (e interesante) lugar en el universo expandido de Alien: videojuegos, cómics, novelas, ¡hasta series de televisión!)

Listo. Se terminaron los spoilers.

Algo que hace bien Alien: Covenant es producir, durante la primera hora, esta sensación de ansiedad y miedo de la exploración de lo desconocido. Me recordó lejanamente aquel libro de Lovecraft, En las montañas de la locura, la crónica en primera persona de una expedición por la Antártida que termina desastrosamente ante el encuentro con la monstruosidad. Creo que es lo más rescatable del filme es justamente esa parte lovecraftiana.

Algo que NO hace bien Alien: Covenant es ignorar la continuidad del filme original, cosa que Scott ya perpetró desde Prometheus. En el universo de los filmes, Covenant sucede unos 30 años antes que Alien de 1979. Sin embargo, y valiéndole madres la continuidad, es notable que la tecnología es mucho más avanzada: se nota en las interfaces de las computadoras, las armas, el diseño de los trajes espaciales, las cápsulas de sueño criogénico… vaya, los exploradores usan una especie de GoPro en el hombro y hasta “iPads” del siglo XXII. ¿Por qué tomar esa decisión? Si algo hizo bien Scott en la original Alien fue crear la atmósfera “de una nave espacial real, con una tripulación trabajadora, real, de cuello azul a bordo”, como dicen Clute y Nicholls en The Encyclopedia of Science Fiction. Esto se ha dicho un millón de veces: la Nostromo, con su crudo realismo, era otro personaje de aquella Alien. En Covenant, Scott parece haberse olvidado de este detalle, y ha llenado su nueva nave espacial de monitores touch que envidiaría Tony Stark. ¿Cuál es el punto de actualizar esa atmósfera, cuando ese ambiente setentero de Alien era maravilloso? ¿Si JJ Abrams recuperó ese feeling con The Force Awakens, por qué Scott no lo haría con una nueva Alien? No lo sé. Pero ahora sí lo resentí.

Alien: Covenant es una secuela de Prometheusno un regreso a las formas de Alien. Varias premisas y hechos del filme están muy poco sustentados, hay agujeros argumentales y sucesos con explicaciones poco lógicas. Pero a mí esto es lo que menos me importa. Lo que sí me importa es que no entrega lo prometido en los trailers: aunque el gore es generoso, no se acerca a los deleitables terrores que produce imaginarse perseguido por un xenomorfo en los pasillos de una nave espacial. Y eso es, para mí, otro fallo en la triste carrera de la serie Alien: al final, de seis filmes, solo dos son memorables. Sad!


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Escribo libros.

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