Por qué es imposible determinar “cuál es la mejor película de guerra” — 16 ejemplos de cine bélico

 

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Los conflictos bélicos han sido a lo largo de la historia grandes fuentes de inspiración para la creación y producción cinematográfica. A pesar de que muchas de ellas se llevan a cabo en el mismo periodo histórico, como la Segunda Guerra Mundial, es difícil encontrar un filme con la misma óptica, intenciones y alcance, lo que vuelve difícil determinar si existe tal cosa como “la madre de todas las películas de guerra”. Examinamos varios ejemplos y encontramos que lo que caracteriza a los filmes bélicos son las grandes diferencias de enfoque que tienen diferentes cineastas para abordar un mismo tema: la guerra.

Victoria en el oeste (1941) de Fritz Hippler, es un documental producido por Alemania en plena guerra, el cual registraba las victorias relámpago del ejército nazi a través de Holanda, Dinamarca, Bélgica y Francia durante el primer semestre de 1940. Es un claro ejemplo de cine de propaganda.

El rostro del Führer (1943), es un cortometraje animado producido por Walt Disney en el que el Pato Donald, durante el transcurso de un sueño, sufre y a la vez se burla del estilo de vida nazi y de su líder, Adolf Hitler. Es otro claro ejemplo de cine de propaganda.

La patrulla infernal (1957) de Stanley Kubrick, ambientada en la Primera Guerra Mundial, se enfoca en un ataque francés contra tropas alemanas que fracasa estrepitosamente, y las consecuencias de los responsables en una corte marcial.

Haga clic y escuche el silbido de los prisioneros en el filme de Lean. Es una cosa legendaria.

El puente sobre el río Kwai (1957) de David Lean, explora los infortunios de un grupo de soldados británicos prisioneros de un campo de concentración japonés en Birmania durante la Segunda Guerra Mundial.

El día más largo (1962) de Darryl F. Zanuck, es una especie de documental falso que retrata la invasión de Normandía desde el lado de los Aliados, poniendo especial atención a las decisiones del general Eisenhower.

Dr. Strangelove o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba (1962) de Stanley Kubrick, se echa un clavado, de manera comédica, en el mundo de la Guerra Fría, la obsesión por la guerra nuclear y las estructuras de poder.

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Patton (1970) de Franklin J. Shaffner, es un filme biográfico sobre la extravagante personalidad del general George S. Patton, el general estadounidense que lideró la invasión terrestre a Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial.

El francotirador (1978) de Michael Cimino, aborda el caso de tres amigos que van a pelear a la Guerra de Vietnam para hacer una cruda reflexión sobre los veteranos de guerra y su compleja reintegración a la sociedad.

“Napalm, son. Nothing else in the world smells like that.”

Apocalipsis ahora (1979) de Francis Ford Coppola, es una adaptación de una novela del siglo XIX, El corazón de las tinieblas, pero ambientada en el marco de la Guerra de Vietnam. Entre muchos temas, discute la crueldad de la guerra, la locura y el culto a la personalidad.

Das Boot (1981) de Wolfgang Petersen, nos lleva al interior de un submarino nazi que intenta cruzar por el estrecho de Gibraltar durante la Segunda Guerra Mundial, haciéndonos sentir empatía con el sufrimiento que experimentaron también los marineros alemanes.

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Pelotón (1986) de Oliver Stone, es más un relato personal basado en las experiencias del director del filme durante la Guerra de Vietnam. Es también una fuerte crítica a dicha guerra, a las decisiones de los gobiernos y al concepto de la pérdida de la inocencia.

Full Metal Jacket (1987) de Stanley Kubrick, examina el conflicto de Vietnam desde dos frentes: el de los soldados a pie a merced del Viet Cong, y el brutal entrenamiento que padecen los marines como anticipación a la guerra.

La lista de Schindler (1993) de Steven Spielberg, cronica el lento proceso del holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial, desde los guetos polacos hasta las cámaras de gas. También muestra el rostro de un héroe: el Schindler del título, quien rescata judíos de los campos de concentración permitiéndoles trabajar en sus fábricas.

Rescatando al soldado Ryan (1998) de Steven Spielberg, hace un recuento muy visual y sangriento del desembarco en Normandía y el dilema moral de rescatar a una sola persona a costa del sacrificio de varias.

Enemigo al acecho (2001) de Jean-Jacques Annaud, encapsula la sangrienta batalla de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial a través del duelo personal de dos francotiradores: uno alemán, y otro soviético.

The Hurt Locker (2008) de Kathyrin Bigelow, es un filme bélico moderno sobre los escuadrones anti-bombas en el Oriente Medio post 9-11, el estrés gigantesco que experimentan, el vacío existencia e, irónicamente, la adicción al peligro.

Finalmente, Dunkerque (2017) de Christopher Nolan es una cinta sobre el rescate de cientos de miles de soldados ingleses y franceses que han quedado atrapados entre el océano y el ejército alemán. Es un filme asfixiante sobre un ejército que perdió una batalla, pero a su manera también es esperanzador y heroico.

A veces desde el lado del heroísmo o de la vergüenza, desde la poesía o la locura, desde el punto de vista de los perdedores o los victoriosos: en mi opinión, el cine bélico tiene tantos enfoques como historias, lo que vuelve increíblemente difícil determinar si una cinta “es mejor que otra”. Lo que mejor hacen es documentar, hacernos recordar, guardar la memoria. Pero quizá sí haya algo que tengan en común, y eso es el sufrimiento humano. Porque la guerra sí es… el infierno.


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